martes, 2 de noviembre de 2010


La voluntad occidental de clasificar a los grupos humanos en una escala jerárquica produjo una variedad de criterios sobre cómo subdividir a nuestra especie. Los hombres blancos siempre ocupaban el lugar más alto en esas jeraquías, lo que justificaba el dominio colonial que ejercían sobre el mundo.

A partir de la segunda mitad del siglo XX pierde consenso el concepto de “razas” a favor de la idea de una especie única y diversa, que no admite barreras que separen la diversidad humana en grupos discretos.

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